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sábado, 15 de marzo de 2014

TE VOY A DOMIR (y sí lo cumple) DE SPR

Esta rola de Pascual Reyes, cumplió la promesa de su título (por lo menos conmigo).
Es un verdadero somnífero.

La letra me resulta pobre. En la primera estrofa escuchamos su “a enterrarte bajo el agua,
a ahogarte en tierra fría”. Este es un recurso (sinestesia, aquí de los elementos) paupérrimo. Más allá de eso, el lío radica en que la mayor parte de las veces que se recurre a esta figura —en general, no sólo en esta letra— los resultados son poco convincentes, suelen estar malogrados. Da lo mismo decir: “a mojarte con fuego, / a chamuscarte con agua”; “a vomitarte con el culo, / a cagarte con la boca”, etc.

Al final de la primera estrofa, hay una anfibología [ocultarte de mí… camino] que ni quita ni pone, pero consigue su objetivo; vaya, está usada correctamente.

La segunda estrofa es, toda, un desastre:

“Te voy a quemar
 para no saber dónde estás,
 para que mi espalda
no te pueda mirar”.

¿Qué relación guarda el objeto o ser quemado con la desubicación?
Lo quemado se deforma o se trasforma totalmente, si llega hasta la ceniza. Quizá de esta idea, la de hacerse polvo, es que pretende sustentarse la canción pero ¿y la espalda que mira? Una metáfora fayuquera para dar a entender que no mirará hacia atrás.

Lo literariamente logrado es el “develarte todas las noches / y no poderte tocar”; ya sea que nos remita al sueño o a la desesperación de la realidad o a tener al ser querido frente a nosotros y no poder —o no atrevernos— a tocarlo…


La rola va de menos a más (o menos).


TE VOY A DORMIR

Te voy a dormir,
a enterrarte bajo el agua,
a ahogarte en tierra fría,
ocultarte de mí… camino.

Te voy a quemar
para no saber dónde estás,
para que mi espalda
no te pueda mirar.

Te voy a ignorar,
aunque le grites a mi dolor;
develarte todas las noches
y no poderte tocar.

CORO
Esto es morir
sólo un poco,
cerrar los ojos
y aventarte lejos;

esto es morir
sólo un poco,
amarrarte a mis deseos
y tirarte al fuego.

Te voy a guardar
en el no sé donde,
junto al no se cuál;
¡ay!, ¡ay!

Y voy a rezar
para que no me extrañes,
para que te pueda
recordar.

CORO

Esto es morir.
¡Ay!, ¡ay!, ¡ay!



lunes, 7 de octubre de 2013

CAPERUCITA FEROZ. ORQUESTA MONDRAGÓN

La letra de esta canción es simplona, torpe y reiterativa; sin embargo, lo que la rescata, desde mi punto de vista, es que retoma el cuento de “Caperucita Roja” y logra darle vuelta a la historia tradicional.

Aquí, el lobo también desea a Caperucita pero sexualmente; es un paralelismo, obvio y muy gastado, entre el apeto sexual y el canibalismo. Metafóricamente escrito y de acuerdo con la trama original, este lobo (que parece más un cerdo) se la quiera comer. Intenta convencer a la voluptuosa Caperuza —así la imagino yo— ofreciéndole un anillo, un pastel, un collar y bailando un lindo rock and roll. La sorpresa llega cuando Caperucita se expresa y aflora su “ferocidad”, que no es otra cosa que una lujuria desbordada y… ¡qué rico!

El título es un divertido oxímoron, si consideramos a Caperucita como sinónimo de ternura. Si la ternura es feroz, muy probablemente se trata de una Lolita.

Canción sumamente vigente, si tomamos en cuenta aquello de la supuesta igualdad y el castrante concepto de “liberación femenina”, que nos hace recordar que la mujer, ¡yeah!, también tiene deseos.

Ojalá todos estemos, por lo menos una vez, con una Caperucita feroz, que nos diga:
“Yo solo quiero / una noche sin final, / en la que ambos / nos podamos devorar”.



CAPERUCITA FEROZ


Hola mi amor,
yo, soy el lobo;
quiero tenerte cerca
para oírte mejor.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero tenerte cerca
para verte mejor.

Hola mi amor,
yo, soy el lobo;
quiero tenerte cerca
para oírte mejor.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero tenerte cerca
para olerte mejor

Si con tus garras
me quisieras abrazar,
si con tus dientes
me quisieras tu besar.

Hola mi amor,
yo, soy el lobo;
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.

Hola mi amor,
yo, soy el lobo;
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.

Yo, lo que quiero
es tu cuerpo tan brutal,
y lo que adoro
es tu fuerza de animal.

Si con tus garras
me quisieras abrazar,
si con tus dientes
me quisieras tu besar.

Hola mi amor,
yo soy el lobo;
te compro un anillo,
un pastel y un collar.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero bailar contigo
un lindo rock and roll.

Hola mi amor,
yo soy el lobo;
te compro un anillo,
un pastel y un collar.

Hola mi amor,
soy yo tu lobo;
quiero bailar contigo
un lindo rock and roll.

Yo, sólo quiero
una noche sin final,
en la que ambos
nos podamos devorar.

                                       Orquesta Mondragón

martes, 6 de agosto de 2013

Grupo Marrano

EL ANSIOSO. SICALIPSIS MELODIOSA

La rola “El ansioso”, de Grupo Marrano, es profundamente gráfica y sicalíptica (como la mayoría de sus canciones). Un ejemplo perfecto para comprender el llamado pornocorrido.
La historia trata sobre un semental que hace pedazos —con lubricidad— a una fulana cualquiera, hambrienta de hombre, de sangre enhiesta, semen y rebabas.
Estos cerdos rijosos, mantienen el octosílabo durante todo el envite (salvo un hexasílabo que se repite y podemos considerar como un respiro para seguirle dando vuelo a la hilacha).
Felaciones, poluciones, cunnilingus, sadismo, sodomía, chaira rusa y algo de coprofilia, podremos encontrar en esta propuesta que, si bien coloquial, sus frases y confesiones son el resultado de lo íntimo.
El personaje tripulado, la fémina, pareciera ser una propétide, una porn star; insaseable del poro al tuétano, según lo que narra el protagonista. Este narrador, que canta con chanza sus decadentes “vivencias”, me recuerda algunos versos de Renato Leduc, que quedan ad hoc con la tónica del pornocorrido; no por soeces u obscenos sino por ideológicos. Aquí los versos: “Viejas virtudes llenarán el mundo: / la virtud de dormir, la de olvidar, / la de no penetrar en lo profundo”.
El mensaje de estos proxenetas-cuinos es pasarla bien; lo único que cuenta y vale, es la libídine, ya sea de la esquina, el lupanar o el hogar mismo.
El lenguaje existe para todos. Cada quien lo usa como puede o como se le da la gana.
Para mí, hacen falta más grupos como Marrano, a los cuales les enorgullece traer pelos en la lengua.

http://www.youtube.com/watch?v=3-Z-pzxiUAs